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Games (Parte IV – Final)

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En el ascensor el tiempo corrió a tu gusto. Tenés todo calculado, incluso caricias, besos y miradas, ya sean compartidas o no, pero te destacás en su fluidez. Parece guionado por Matthew Rolston pero es pura experiencia tuya, lo sé y vos estás al tanto de dicha situación, por lo cual modificás tu rutina y sacás un As de tu manga como un profesional; te movés diferente, me otorgás un show privado, personalizado.

Me rindo fácil. Tenés una convicción que me deslumbra. En ocasiones cruzas la línea y llegás a ser ese tipo de persona arrogante que desprecio, pero me gusta pelearte un poco y ser yo quien luego te vuelve a tu estado habitual.

Bajamos en el último piso, el penthouse. No sé por qué no lo supuse antes. Me guías, nuestras manos están juntas, para sorpresa de ambos, fue espontáneo y no me había dado cuenta. Tus paredes están cediendo. “Ponete cómoda que ya vuelvo” me decís y hago una mueca por el cliché aunque noto un leve nerviosismo y sonrío a manera de gratificación hacia mí misma; luego desapareces hacia los pasillos.

No tenés fotos. Por un momento pensé que no sos recurrente en este edificio pero tu Genovesi en la pared, con una luz destinada a hacer brillar sus colores al máximo exponente, te develaban. Además, al lado hay una silla que puede pasar desapercibida pero que, por lo menos a mí, me deja deducir que estuviste mucho tiempo aquí. Tiene el apoya pies gastado hacia la derecha, porque así te gusta acomodarte al leer. Empiezo a llevarme la mano al pecho al darme cuenta de lo que este sitio significa para vos y al parecer también reacciono gestualmente a través de mi semblante porque me mirás como si hubiese sucedido algo malo y eso te desconcierta. “Todo está perfecto” te digo apresurada y sonreís como no te habías permitido antes. No me molesta haberme precipitado, después de haberme introducido a tu mundo de esta increíble e implícita forma, sentí que era lo correcto. Después de todo yo te quería y mucho, y si ceder a mis pet peeves era algo necesario en cierta forma, estaba dispuesta a hacerlo en su medida.

— ¿Esa sonrisa es una manera de recompensa, un error de cálculos o simplemente algo que te permitís al estar acá? —

Se dirige a la terraza no sin antes indicarme que lo acompañara.

— Quizás una mezcla de las tres, pero no quiero pensar cuál es la razón principal. ¿No podemos evadirla? —

Le respondo con un beso en el cual accedo de modo completo con mis manos a su cuello y mandíbula, hasta llegar al lóbulo de la oreja. Las mujeres pueden no ser fetichistas pero si tener preferencias.

— Estamos a mano. — Le digo apenas apartándome de él, cuando aún tiene sus ojos cerrados.

— Hay cosas que leo y al hacerlo reconozco que jamás podría interpretarlas en la vida real. En este tipo de escenas me ocurre. Vos en cambio las manejás como lo hace mi imaginación. — Me lo dice con una sonrisa que esconde un poco de frustración dirigida hacia él; en cambio, a mí el mensaje me lo transmite sintiendo cada una de las palabras elegidas y dichas; no es que nada de lo anterior haya sonado a mentira, pero este comentario denotaba algo más, me quiere realmente.

— Asumo que decís eso para que haga un comentario y aumente tu ego y consecuentemente su narcisismo. — Me gusta hacerle saber que lo decodifico bastante rápido pero que igualmente puedo jugar y que me gusta ganar de vez en cuando. — No es así. Tenés cartas reservadas para lucirte en el momento exacto. Es otro tipo de estrategia. —

— No seas aduladora. — Nos reímos y se queda mirándome de una manera extraña, como si no estuviese ahí, sino pensando una jugada con anticipación, como suele ocurrir. — Creía que Before Sunset no era tu película predilecta dentro de la saga. — Me dice, cuando sale de su lapsus; se perdona en cierta forma, corriéndome el pelo hacia atrás de mi oreja porque me tapaba la cara desde su ángulo.

— Así es, ¿por qué lo decís? —

— Se parece mucho al final, ¿no te parece? —

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Equal

A veces me olvido que sos como yo, que necesitas que los otros sean quienes se interesen por vos para poder comenzar un diálogo; no te gusta pedir ayuda, pero te fascina que alguien se tome un momento y te pregunte cualquier cosa sobre tu vida, te sentís un interrogante; y cuando sé por donde indagar y veo cómo seguís el juego me felicito a mí misma por haberte decodificado un poco más. Tenemos temas en común, de esos que contruyen vínculos muy específicos y únicos, que permiten identificarse con el otro, pero no tenemos la necesidad de recurrir a ellos porque siempre tenés algo novedoso que casualmente, termina captando mi interés.

Me gusta que te apasiones por ciertos temas con tanto fervor; escuchás que hablan ciertas cuestiones, se levantan tus cejas por el asombro y haces diferentes expresiones mientras vas analizando desde la distancia (lo señalo y te hacés el indiferente). También tenés diferentes actos que guardan un subtexto de seducción pero lo hacés tan discretamente que no sé si termina atrayendo o confundiendo más. Posiblemente sean ambas. La única certeza que tengo, es de la reacción que produjo en mí, la cual fue cerrar los ojos y realmente sentirme en otro lado, fue inconsciente. Sabés lo que hacés pero ocultás tu percepción del hecho. Como un profesional. Crees en las palabras como protagonistas pero tu territorio son las acciones; irónicamente, contemplando tu situación.

Tenés tanto potencial (aunque no lo creas) y ambiciones… pero igualmente te cerrás. Me doy cuenta e intento hacer lo que está a mi alcance sin exigirte porque cuando otros intentan hacer lo mismo conmigo, la consecuencia siempre es un efecto contrario al que se proponen. Tuvimos uno de esos momentos en los cuales le hablás a la otra persona como si la conocieras de toda la vida y residieras en ella una confianza absoluta, cuando no era así. Para mí significó muchísimo porque siempre que se daba una situación como tal, mi rol era protagonista y terminaba arrepentida por haber compartido tanto; haber estado del otro lado me dejó estupefacta. Conozco la reacción posterior al hablar sin pensar de tal forma, y decidí contarte un poco de mis experiencias. Para que no te sintieras solo. A partir de entonces se creó un vínculo único e implícito entre nosotros. Me provoca lo mismo que otros anteriores que tuve, pero en este caso, siento que realmente es recíproco y lo quiero conservar. Aunque me cueste abrirme a alguien, lo haría por vos.

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