Category Archives: Texto Propio

Moonlighting

Se filtraba luz a través de su persiana que no terminaba de bajar porque estaba rota. Vivía con una falsa despreocupación que ocultaba una constante actitud obsesiva frente a su situación académica y a la vez, una dejadez profunda sobre otros aspectos de su vida. Y sin embargo estaba durmiendo al lado mío con un semblante sereno; su palidez hacía que pareciera porcelana. Se veía suave. Joven. Inocente. No podías ver las secuelas que le habían dejado todo lo que le había sucedido durante el año pasado. Me corrió un frío por todo el cuerpo y la abracé a manera de refugio. La abracé fuerte porque la entendí en ese momento, sus manías y reacciones frente a situaciones triviales. Abrió un poco los ojos pero seguía dormida y le dije que me había enamorado de ella y que era hermosa cuando dormía porque se la veía plena. Ella no se iba a acordar de nada pero igualmente me devolvió el abrazo. Nos quedamos así y todo problema se redujo a nada. Quise transmitirle eso porque lo necesitaba y yo estaba comprometido a hacerla feliz. Fue algo que decidí hacer, por mí y por ella. Por ambos. Quiero, desde ese momento en especial y todavía en el presente, vivir en esa plenitud que siento constantemente en mi vida desde que ella apareció con sus problemas sobre horarios y apuntes que la sobrepasan y luego significaran nada, bien lo sé yo. Quiero que pueda experimentar ese sentimiento tan particular que me provoca estar con alguien diferente en tantos sentidos, que me provoca ella, sin siquiera saberlo, porque actúa a su manera y es única y preciosa siendo así.

Quiero hacerla feliz porque quiero mostrarle que puede serlo otra vez.

Awesome Mix Vol. 1

Me intenté convencer que no es una fecha especial en relación a vos pero la realidad es que sí. Hoy empecé la Facultad y vi a Piaget y hubiese dado todo por volver a casa y contarte porque sé que te había gustado cuando lo viste en el Profesorado.
La verdad es que no sé si está bien que comparta esto pero así me sale ahora. No es 30 de ningún mes. No es 30 de Noviembre. Justamente eso demuestra cuánta falta me hacés a diario. Te extraño los 30, el 30 de Noviembre te voy a extrañar muchísimo más pero, es no tenerte en el día a día lo que duele con mayor frialdad. Lo que me queda es la certeza de que tenerte como madre fue un privilegio y que no lo cambio por nada. Haberte tenido poco tiempo es más que suficiente. Porque eras única. Fuiste la mejor. Fuiste mi mamá y lo sos. Te extraño muchísimo pero, como leí sobre el fallecimiento de Robin Williams, quien personificó a John Keating en Dead Poets Society, película que vi con vos una tarde de sábado tiradas en la cama y que amé y me marcó para siempre, si te tocó a vos, es porque no hay dudas de que lo que hay del otro lado es mucho mejor. Y vos más que nadie te lo merecías. Te extraño, pero te amo aún más, mucho más.
“Estás bien y así será”.

Maker

Quiero enterrar mi rostro en tus sábanas. Que la tela se pegue a mi piel y luego sentir el roce y calor de tus brazos. Que suene Elliott Smith y sentirme en una película, una dirigida por vos.

Dividamos los roles pero no actuemos; juguemos a los novios pero a aquellos que viven en una infinita etapa de amantes. Buscá un disco. Yo preparo el café en la Volturno que nunca supiste usar.

No quiero cometer error. El miedo a fallar en mí se puede sentir. Vos estás tranquilo, con el pelo revuelto, cliché que no puedo dejar pasar. Sabía que tenías ojeras pero se agrandan a medida que tus ojos se achican, debido al horario y la falta de sueño. Igual sos lindo. Gusto mucho de vos y todo lo que traés, aunque te vendas como un antihéroe y posiblemente uses esa carta como estrategia, poco me importa. Estabas al tanto de mi enorme crush y no hiciste uso de aquella jugada, cual el gentleman que sutilmente inferís que sos.

Ves tu casa con extrañeza. Quiero saber qué pensás, “¿saqué aquella foto?”, “¿guardé ese libro?”, no, eso ya lo hiciste, ahora quiero creer que vuelven a tu mente flashes y gustos de besos, que recuerdes si fueron de tu agrado o no y pienses que sí; también que barajes la idea de un escenario distinto en el cual, me hubieses visto bailando y dijeras “me caso”.

– Me mata pensar lo que puede llegar a cruzar tu cabeza ahora.

– Es temprano. Lo único en mi cabeza – cierra los ojos y piensa por un instante en el cual respira hondo – es el olor a café. No entiendo cómo puede hacer eso, – dice señalando la Volturno italiana – no es igual cuando lo hago yo, nunca me sale bien con esa cafetera, no la guardo porque es linda a la vista.

– Soy una gran admiradora de este tipo de cafetera. Es la educación que realmente aplico todos los días.

Él alcanza el azúcar y el edulcorante. Yo sirvo el café en ambas tazas que para mi contento son diferentes. No creo en los juegos de tazas. La diversidad de tazas en una casa me fascina.

– Jugué con la idea de este escenario más veces de las que me gustaría admitir ahora que me encuentro acá.

– Competir contra una fantasía es una batalla perdida de antemano.

– Me hacés sentir tan cómoda. – Le afirmé con un tono aniñado pero, no me molestó, porque era un agradecimiento puro; estábamos jugando a los novios y me permití el sentimiento digo, como si no estuviese rebalsando de locura y cariño; sí, cariño. Él levantó las cejas, sus ojos perdieron la forma achinada que tomaban a la mañana y sonrió.

– Decime qué se te ocurrió, por favor. – Dice a manera de invitación para la creatividad de ambos, mientras nos recostamos a desayunar en su sillón. Los sillones siempre guardan mejores historias que las camas.

– Lo quise escribir, para aclarar mi mente y me había puesto como regla evitar detalles cliché y no pude. – Me mira sin expresión que denote algún tipo de invasión que quizás podría sentir, entonces continúo. – Siempre caigo frente a la necesidad de que todo esté sumamente cuidado. – Me detengo un segundo y lo veo concentrado, realmente prestando atención a algo que yo sentía irrelevante para cualquiera menos para mí por el hecho de que es algo muy específico que me sucede. No tenía planeado compartirlo con nadie, no sentía que podía hasta este momento. No me gusta hablar de mí, pienso que no tengo algo por contar y menos aún que si lo hay, sea interesante para el otro y sin embargo estaba compartiendo esto con él. De a poco iban cayendo mis creencias sobre mí misma y algunas sobre él también.

– La simplicidad requiere mucho esfuerzo, no es sencillo. – Me dice sin la intención de aconsejar desde la experiencia, sin marcar nuestra diferencia de edad. Es un hecho y no más, lo dice por contribuir a mi relato y no demostrar ser algo en particular, me cataloga como un igual y me siento increíble.

Al parecer me excedí con el tiempo de mi retrospección. Me ubico y continúo.

– Lo que realmente no me deja tranquila es que yo solía escribir de corrido, siempre se me cruzaba una frase puntual y a partir de ahí sacaba algo que me satisfacía, que volvía a mi mente a un estado más relajado, post catártico.

– Tres. – Me dice mirándome fijo a lo cual yo respondo con una mueca que denota mi desconcierto. – En una sola frase, pude reconocer tres gestos que hacés al hablar. Frustración y pasión en simultáneo que te llevan a la verborragia, es impresionante. Amo lo que hago, pero al verte me doy cuenta que no pienso de tal manera sobre el cine, quizás sí con la misma intensidad, pero de otra forma… Así me transformo cuando me quejo de ciertos directores o películas en sí; en tu caso, llevan a una autocrítica, lo cual es muy admirable.

– Sos la primera persona que se anima a mencionar algo de característica psicológica a una futura profesional del rubro.

– La gente suele mezclar muchos términos y teorías correspondientes a tu ámbito. Siempre se tiende a la crítica, es un juego cruel, ya lo vas a dominar y te van a despegar del miedo al análisis… mientras vos prometas limitar tus deducciones a las sesiones.

– No te voy a enloquecer, no te preocupes.

– Eso lo voy a tener que juzgar yo, más adelante. – Me dice a centímetros de distancia y con sus ojos verdes clavados en los míos.

Volvemos a jugar.

Institution

Salí con Nacho de la Iglesia; vió mi cara aún más pálida de lo que está normalmente y se dio cuenta que no podía seguir ahí adentro. Los casamientos jamás me gustaron.

Mi mamá le había pedido a su prima un vestido que había pasado por todas las generaciones de su familia. Calzaba perfecto o eso recuerdo, es difícil pensar que podía usar algo prestado. Nunca me llevé mal con su lado de la familia pero el problema es que siempre me sentí una intrusa. Muchos chistes internos, demasiados veranos juntos en Pinamar y por ende, múltiples anécdotas que provocan una inhabilidad en mi cerebro para hacer sinapsis y recordar todos los nombres de las personas involucradas.

Lo que sucedió fue que durante toda la noche me estuvieron pidiendo que me sacara una foto con el vestido y siempre dije que no, al parecer no me sentía cómoda en lo que, realmente era un vestido de princesa. Ahora que lo pienso mi mamá debería haberlo entendido porque ella jamás estaba dispuesta a ser fotografiada. También recuerdo al ex esposo de una de sus primas quien era una de esas personas que le quieren caer bien a todo el mundo y lo intentan mediante chistes malos y sexistas en su mayoría. De más está decir que ya no es parte de la “familia”.

Que alguien como Liz estuviese de blanco era la razón principal de mi desconformidad con la situación que me llevó a congelarme en un vestido que las monjas de la Iglesia en la que estaba hace instantes, no hubiesen aprobado jamás.

– La próxima al dramatismo sumale el tapado, sino vamos a tener que llevarte al hospital en el auto con moño incluido.

– Cómo te quiero en este momento, Nacho. – Le digo mientras rompo con mi propia política que me permite fumarme un único pucho a la madrugada y prendo uno. Él no dijo nada al respecto y se limitó a aceptarme uno, creo que por primera vez, porque ante la incertidumbre siempre tengo un atado en la cartera y cuando lo veo sobrepasado le ofrezco uno, el cual él siempre rechaza, principalmente, en mi opinión, para sentirse en control de la situación, de él mismo.

– Sos muy expresiva boluda, hacete la idea de una vez. – Tiene razón, ya me lo habían dicho varias veces y personas muy particulares, por lo cual lo debía ser verdad. – Dale, sentémonos, pero no mirando a la Iglesia, quiero darle la espalda a Dios. Continue reading

En 1ra Persona

Primera mañana del año 2014 y aquí me encuentro, con mi horario de sueño cambiado completamente e interrumpiendo mi lectura de “My mad fat diary” por el impulso a escribir (sorpresivamente en 1ra persona), actividad que disfruto más pero que luego de la muerte de mi mamá se volvió monótona porque las ideas que me vienen a la cabeza son todas trágicas y no las quiero desarrollar. Hay más de mí que lo que ocurre a mí alrededor. Está lo que yo puedo transmitir sobre aquello y en eso voy a focalizarme. Me gusta ser graciosa y quiero seguir siéndolo. Al parecer encontré un propósito para este nuevo año. Continue reading

N. N.

El me miró. Aunque yo no iba particularmente arreglada, lo hizo. A pesar de estar al lado de una chica que los hombres en su mayoría, considerarían más linda que yo, lo hizo. Podía ser tanto su novia, como su hermana o prima pero sin embargo, hubo un instante en el cual dejó de lado su compañía y nos dedicamos milésimas de segundos a mirarnos. Pudo haber sido un encuentro casual, o ese momento en el cual uno se pregunta si aquel transeúnte que nos parece desconocido, quizás proviene de un lugar que nosotros conocemos.

No, no estaba en el tren, tampoco en un bar o banco de plaza. No me encontraba haciendo ninguna de esas actividades en las que me gustaría ser descubierta por un extraño de la calle. Quizás por ello me resultó tan particular al punto que ahora me encuentro escribiendo sobre lo ocurrido. Continue reading

Lift Me Up

En los hospitales, el lugar que visites determina cómo conocés la historia de una persona.
Los psicólogos lo hacen a través del relato voluntario que realiza alguien que busca ayuda y se predispone para concretar dicho acto. Uno puede pensar que esa es la manera que predomina pero, a veces se deja de lado un número que es clave en este juego de conocimiento y/o deducción.

El dato que realmente vale, se obtiene al ver qué número presiona alguien en el ascensor de un hospital. Continue reading

Lately

La necesidad de poner en palabras, pienso que significa concretizar la situación y, a mi parecer, agravarla. Puede que luzca como una exageración y que esté adelantándome a algo que no es certero pero que hay que ponerlo sobre la mesa porque, a pesar de que nadie quiere reconocerlo, es una posibilidad. Continue reading

Games (Parte IV – Final)

Parte IParte IIParte III

En el ascensor el tiempo corrió a tu gusto. Tenés todo calculado, incluso caricias, besos y miradas, ya sean compartidas o no, pero te destacás en su fluidez. Parece guionado por Matthew Rolston pero es pura experiencia tuya, lo sé y vos estás al tanto de dicha situación, por lo cual modificás tu rutina y sacás un As de tu manga como un profesional; te movés diferente, me otorgás un show privado, personalizado.

Me rindo fácil. Tenés una convicción que me deslumbra. En ocasiones cruzas la línea y llegás a ser ese tipo de persona arrogante que desprecio, pero me gusta pelearte un poco y ser yo quien luego te vuelve a tu estado habitual.

Bajamos en el último piso, el penthouse. No sé por qué no lo supuse antes. Me guías, nuestras manos están juntas, para sorpresa de ambos, fue espontáneo y no me había dado cuenta. Tus paredes están cediendo. “Ponete cómoda que ya vuelvo” me decís y hago una mueca por el cliché aunque noto un leve nerviosismo y sonrío a manera de gratificación hacia mí misma; luego desapareces hacia los pasillos.

No tenés fotos. Por un momento pensé que no sos recurrente en este edificio pero tu Genovesi en la pared, con una luz destinada a hacer brillar sus colores al máximo exponente, te develaban. Además, al lado hay una silla que puede pasar desapercibida pero que, por lo menos a mí, me deja deducir que estuviste mucho tiempo aquí. Tiene el apoya pies gastado hacia la derecha, porque así te gusta acomodarte al leer. Empiezo a llevarme la mano al pecho al darme cuenta de lo que este sitio significa para vos y al parecer también reacciono gestualmente a través de mi semblante porque me mirás como si hubiese sucedido algo malo y eso te desconcierta. “Todo está perfecto” te digo apresurada y sonreís como no te habías permitido antes. No me molesta haberme precipitado, después de haberme introducido a tu mundo de esta increíble e implícita forma, sentí que era lo correcto. Después de todo yo te quería y mucho, y si ceder a mis pet peeves era algo necesario en cierta forma, estaba dispuesta a hacerlo en su medida.

— ¿Esa sonrisa es una manera de recompensa, un error de cálculos o simplemente algo que te permitís al estar acá? —

Se dirige a la terraza no sin antes indicarme que lo acompañara.

— Quizás una mezcla de las tres, pero no quiero pensar cuál es la razón principal. ¿No podemos evadirla? —

Le respondo con un beso en el cual accedo de modo completo con mis manos a su cuello y mandíbula, hasta llegar al lóbulo de la oreja. Las mujeres pueden no ser fetichistas pero si tener preferencias.

— Estamos a mano. — Le digo apenas apartándome de él, cuando aún tiene sus ojos cerrados.

— Hay cosas que leo y al hacerlo reconozco que jamás podría interpretarlas en la vida real. En este tipo de escenas me ocurre. Vos en cambio las manejás como lo hace mi imaginación. — Me lo dice con una sonrisa que esconde un poco de frustración dirigida hacia él; en cambio, a mí el mensaje me lo transmite sintiendo cada una de las palabras elegidas y dichas; no es que nada de lo anterior haya sonado a mentira, pero este comentario denotaba algo más, me quiere realmente.

— Asumo que decís eso para que haga un comentario y aumente tu ego y consecuentemente su narcisismo. — Me gusta hacerle saber que lo decodifico bastante rápido pero que igualmente puedo jugar y que me gusta ganar de vez en cuando. — No es así. Tenés cartas reservadas para lucirte en el momento exacto. Es otro tipo de estrategia. —

— No seas aduladora. — Nos reímos y se queda mirándome de una manera extraña, como si no estuviese ahí, sino pensando una jugada con anticipación, como suele ocurrir. — Creía que Before Sunset no era tu película predilecta dentro de la saga. — Me dice, cuando sale de su lapsus; se perdona en cierta forma, corriéndome el pelo hacia atrás de mi oreja porque me tapaba la cara desde su ángulo.

— Así es, ¿por qué lo decís? —

— Se parece mucho al final, ¿no te parece? —

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Riot Van

Me intenté abstener con anticipación. Sabiendo que por ciertos patrones en común, el resultado iba a ser el mismo. Me conozco lo suficientemente bien para no haberme confundido. En este sentido soy muy monótona. Quizás aburrida pero, probablemente sin experiencia, en realidad; lo cual me dificulta todo y me vuelve vulnerable e impulsiva. Continue reading