Monthly Archives: April 2014

Maker

Quiero enterrar mi rostro en tus sábanas. Que la tela se pegue a mi piel y luego sentir el roce y calor de tus brazos. Que suene Elliott Smith y sentirme en una película, una dirigida por vos.

Dividamos los roles pero no actuemos; juguemos a los novios pero a aquellos que viven en una infinita etapa de amantes. Buscá un disco. Yo preparo el café en la Volturno que nunca supiste usar.

No quiero cometer error. El miedo a fallar en mí se puede sentir. Vos estás tranquilo, con el pelo revuelto, cliché que no puedo dejar pasar. Sabía que tenías ojeras pero se agrandan a medida que tus ojos se achican, debido al horario y la falta de sueño. Igual sos lindo. Gusto mucho de vos y todo lo que traés, aunque te vendas como un antihéroe y posiblemente uses esa carta como estrategia, poco me importa. Estabas al tanto de mi enorme crush y no hiciste uso de aquella jugada, cual el gentleman que sutilmente inferís que sos.

Ves tu casa con extrañeza. Quiero saber qué pensás, “¿saqué aquella foto?”, “¿guardé ese libro?”, no, eso ya lo hiciste, ahora quiero creer que vuelven a tu mente flashes y gustos de besos, que recuerdes si fueron de tu agrado o no y pienses que sí; también que barajes la idea de un escenario distinto en el cual, me hubieses visto bailando y dijeras “me caso”.

– Me mata pensar lo que puede llegar a cruzar tu cabeza ahora.

– Es temprano. Lo único en mi cabeza – cierra los ojos y piensa por un instante en el cual respira hondo – es el olor a café. No entiendo cómo puede hacer eso, – dice señalando la Volturno italiana – no es igual cuando lo hago yo, nunca me sale bien con esa cafetera, no la guardo porque es linda a la vista.

– Soy una gran admiradora de este tipo de cafetera. Es la educación que realmente aplico todos los días.

Él alcanza el azúcar y el edulcorante. Yo sirvo el café en ambas tazas que para mi contento son diferentes. No creo en los juegos de tazas. La diversidad de tazas en una casa me fascina.

– Jugué con la idea de este escenario más veces de las que me gustaría admitir ahora que me encuentro acá.

– Competir contra una fantasía es una batalla perdida de antemano.

– Me hacés sentir tan cómoda. – Le afirmé con un tono aniñado pero, no me molestó, porque era un agradecimiento puro; estábamos jugando a los novios y me permití el sentimiento digo, como si no estuviese rebalsando de locura y cariño; sí, cariño. Él levantó las cejas, sus ojos perdieron la forma achinada que tomaban a la mañana y sonrió.

– Decime qué se te ocurrió, por favor. – Dice a manera de invitación para la creatividad de ambos, mientras nos recostamos a desayunar en su sillón. Los sillones siempre guardan mejores historias que las camas.

– Lo quise escribir, para aclarar mi mente y me había puesto como regla evitar detalles cliché y no pude. – Me mira sin expresión que denote algún tipo de invasión que quizás podría sentir, entonces continúo. – Siempre caigo frente a la necesidad de que todo esté sumamente cuidado. – Me detengo un segundo y lo veo concentrado, realmente prestando atención a algo que yo sentía irrelevante para cualquiera menos para mí por el hecho de que es algo muy específico que me sucede. No tenía planeado compartirlo con nadie, no sentía que podía hasta este momento. No me gusta hablar de mí, pienso que no tengo algo por contar y menos aún que si lo hay, sea interesante para el otro y sin embargo estaba compartiendo esto con él. De a poco iban cayendo mis creencias sobre mí misma y algunas sobre él también.

– La simplicidad requiere mucho esfuerzo, no es sencillo. – Me dice sin la intención de aconsejar desde la experiencia, sin marcar nuestra diferencia de edad. Es un hecho y no más, lo dice por contribuir a mi relato y no demostrar ser algo en particular, me cataloga como un igual y me siento increíble.

Al parecer me excedí con el tiempo de mi retrospección. Me ubico y continúo.

– Lo que realmente no me deja tranquila es que yo solía escribir de corrido, siempre se me cruzaba una frase puntual y a partir de ahí sacaba algo que me satisfacía, que volvía a mi mente a un estado más relajado, post catártico.

– Tres. – Me dice mirándome fijo a lo cual yo respondo con una mueca que denota mi desconcierto. – En una sola frase, pude reconocer tres gestos que hacés al hablar. Frustración y pasión en simultáneo que te llevan a la verborragia, es impresionante. Amo lo que hago, pero al verte me doy cuenta que no pienso de tal manera sobre el cine, quizás sí con la misma intensidad, pero de otra forma… Así me transformo cuando me quejo de ciertos directores o películas en sí; en tu caso, llevan a una autocrítica, lo cual es muy admirable.

– Sos la primera persona que se anima a mencionar algo de característica psicológica a una futura profesional del rubro.

– La gente suele mezclar muchos términos y teorías correspondientes a tu ámbito. Siempre se tiende a la crítica, es un juego cruel, ya lo vas a dominar y te van a despegar del miedo al análisis… mientras vos prometas limitar tus deducciones a las sesiones.

– No te voy a enloquecer, no te preocupes.

– Eso lo voy a tener que juzgar yo, más adelante. – Me dice a centímetros de distancia y con sus ojos verdes clavados en los míos.

Volvemos a jugar.

Institution

Salí con Nacho de la Iglesia; vió mi cara aún más pálida de lo que está normalmente y se dio cuenta que no podía seguir ahí adentro. Los casamientos jamás me gustaron.

Mi mamá le había pedido a su prima un vestido que había pasado por todas las generaciones de su familia. Calzaba perfecto o eso recuerdo, es difícil pensar que podía usar algo prestado. Nunca me llevé mal con su lado de la familia pero el problema es que siempre me sentí una intrusa. Muchos chistes internos, demasiados veranos juntos en Pinamar y por ende, múltiples anécdotas que provocan una inhabilidad en mi cerebro para hacer sinapsis y recordar todos los nombres de las personas involucradas.

Lo que sucedió fue que durante toda la noche me estuvieron pidiendo que me sacara una foto con el vestido y siempre dije que no, al parecer no me sentía cómoda en lo que, realmente era un vestido de princesa. Ahora que lo pienso mi mamá debería haberlo entendido porque ella jamás estaba dispuesta a ser fotografiada. También recuerdo al ex esposo de una de sus primas quien era una de esas personas que le quieren caer bien a todo el mundo y lo intentan mediante chistes malos y sexistas en su mayoría. De más está decir que ya no es parte de la “familia”.

Que alguien como Liz estuviese de blanco era la razón principal de mi desconformidad con la situación que me llevó a congelarme en un vestido que las monjas de la Iglesia en la que estaba hace instantes, no hubiesen aprobado jamás.

– La próxima al dramatismo sumale el tapado, sino vamos a tener que llevarte al hospital en el auto con moño incluido.

– Cómo te quiero en este momento, Nacho. – Le digo mientras rompo con mi propia política que me permite fumarme un único pucho a la madrugada y prendo uno. Él no dijo nada al respecto y se limitó a aceptarme uno, creo que por primera vez, porque ante la incertidumbre siempre tengo un atado en la cartera y cuando lo veo sobrepasado le ofrezco uno, el cual él siempre rechaza, principalmente, en mi opinión, para sentirse en control de la situación, de él mismo.

– Sos muy expresiva boluda, hacete la idea de una vez. – Tiene razón, ya me lo habían dicho varias veces y personas muy particulares, por lo cual lo debía ser verdad. – Dale, sentémonos, pero no mirando a la Iglesia, quiero darle la espalda a Dios. Continue reading