Monthly Archives: September 2013

Remember The Monsters?

“Weren’t we all crazy in our sleep? What was sleep, after all, but the process by which we dumped our insanity into a dark subconscious pit and came out on the other side ready to eat cereal instead of our neighbor’s children?”
― Jeff Lindsay, Darkly Dreaming Dexter

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Count Me In

“People think a soul mate is your perfect fit, and that’s what everyone wants. But a true soul mate is a mirror, the person who shows you everything that is holding you back, the person who brings you to your own attention so you can change your life. A true soul mate is probably the most important person you’ll ever meet, because they tear down your walls and smack you awake. But to live with a soul mate forever? Nah. Too painful. Soul mates, they come into your life just to reveal another layer of yourself to you, and then leave. A soul mates purpose is to shake you up, tear apart your ego a little bit, show you your obstacles and addictions, break your heart open so new light can get in, make you so desperate and out of control that you have to transform your life, then introduce you to your spiritual master…”  ―Elizabeth Gilbert

Games (Parte IV – Final)

Parte IParte IIParte III

En el ascensor el tiempo corrió a tu gusto. Tenés todo calculado, incluso caricias, besos y miradas, ya sean compartidas o no, pero te destacás en su fluidez. Parece guionado por Matthew Rolston pero es pura experiencia tuya, lo sé y vos estás al tanto de dicha situación, por lo cual modificás tu rutina y sacás un As de tu manga como un profesional; te movés diferente, me otorgás un show privado, personalizado.

Me rindo fácil. Tenés una convicción que me deslumbra. En ocasiones cruzas la línea y llegás a ser ese tipo de persona arrogante que desprecio, pero me gusta pelearte un poco y ser yo quien luego te vuelve a tu estado habitual.

Bajamos en el último piso, el penthouse. No sé por qué no lo supuse antes. Me guías, nuestras manos están juntas, para sorpresa de ambos, fue espontáneo y no me había dado cuenta. Tus paredes están cediendo. “Ponete cómoda que ya vuelvo” me decís y hago una mueca por el cliché aunque noto un leve nerviosismo y sonrío a manera de gratificación hacia mí misma; luego desapareces hacia los pasillos.

No tenés fotos. Por un momento pensé que no sos recurrente en este edificio pero tu Genovesi en la pared, con una luz destinada a hacer brillar sus colores al máximo exponente, te develaban. Además, al lado hay una silla que puede pasar desapercibida pero que, por lo menos a mí, me deja deducir que estuviste mucho tiempo aquí. Tiene el apoya pies gastado hacia la derecha, porque así te gusta acomodarte al leer. Empiezo a llevarme la mano al pecho al darme cuenta de lo que este sitio significa para vos y al parecer también reacciono gestualmente a través de mi semblante porque me mirás como si hubiese sucedido algo malo y eso te desconcierta. “Todo está perfecto” te digo apresurada y sonreís como no te habías permitido antes. No me molesta haberme precipitado, después de haberme introducido a tu mundo de esta increíble e implícita forma, sentí que era lo correcto. Después de todo yo te quería y mucho, y si ceder a mis pet peeves era algo necesario en cierta forma, estaba dispuesta a hacerlo en su medida.

— ¿Esa sonrisa es una manera de recompensa, un error de cálculos o simplemente algo que te permitís al estar acá? —

Se dirige a la terraza no sin antes indicarme que lo acompañara.

— Quizás una mezcla de las tres, pero no quiero pensar cuál es la razón principal. ¿No podemos evadirla? —

Le respondo con un beso en el cual accedo de modo completo con mis manos a su cuello y mandíbula, hasta llegar al lóbulo de la oreja. Las mujeres pueden no ser fetichistas pero si tener preferencias.

— Estamos a mano. — Le digo apenas apartándome de él, cuando aún tiene sus ojos cerrados.

— Hay cosas que leo y al hacerlo reconozco que jamás podría interpretarlas en la vida real. En este tipo de escenas me ocurre. Vos en cambio las manejás como lo hace mi imaginación. — Me lo dice con una sonrisa que esconde un poco de frustración dirigida hacia él; en cambio, a mí el mensaje me lo transmite sintiendo cada una de las palabras elegidas y dichas; no es que nada de lo anterior haya sonado a mentira, pero este comentario denotaba algo más, me quiere realmente.

— Asumo que decís eso para que haga un comentario y aumente tu ego y consecuentemente su narcisismo. — Me gusta hacerle saber que lo decodifico bastante rápido pero que igualmente puedo jugar y que me gusta ganar de vez en cuando. — No es así. Tenés cartas reservadas para lucirte en el momento exacto. Es otro tipo de estrategia. —

— No seas aduladora. — Nos reímos y se queda mirándome de una manera extraña, como si no estuviese ahí, sino pensando una jugada con anticipación, como suele ocurrir. — Creía que Before Sunset no era tu película predilecta dentro de la saga. — Me dice, cuando sale de su lapsus; se perdona en cierta forma, corriéndome el pelo hacia atrás de mi oreja porque me tapaba la cara desde su ángulo.

— Así es, ¿por qué lo decís? —

— Se parece mucho al final, ¿no te parece? —

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Your Words Are Next To Me

Your Words Are Next To Me

A story you wrote is in this book. The book is sitting next to me.

I’ll buy your book, I said, when you told me your story was in there.

And you said, Why? Here, just have it for free.

You wrote me a dedication page inside so I would always think of you when I read it, the way you think of me when you read my stories. That’s according to the dedication page. But you didn’t have to write that. I already know you think of me.

My ex girlfriend used to write dedication pages in books she gave me and that’s how I know she really cared, because a book is what you give someone when you really do.

I’m reading your words and I can see them being formed. I mean I can see you typing them. I can see you sitting neatly in front of your laptop, one leg curled under the other, the way you type a line, then delete it, then think of a better one and type it again. And again.

I can see your hands poised above the keyboard so long that I feel the undersides of your forearms start to ache.

I’m reading the other words in the book. There are all kinds of words in here, about all kinds of things. Words from famous writers and less famous writers, writers whose names strike a chord and names I would be honored to have mine next to, that I’m sure you were too. Words particularly designed to make you feel.

None of the words are as good as yours.

Your words are next to me and I like them here because it makes me feel like you’re here. In a way it’s almost better than if you were actually here because this way I can hold your words in my hand and close to my chest and not worry about them going anywhere.

Your words are next to me and this is how I know they won’t change.

Some people would feel jealous or inadequate about having your words in a book next to them, silently asking them questions, your success peeking in while they scramble to put their pants on, but I think it’s encouraging. I think it’s encouraging to have a piece of little raw soul.

Maybe one day my words will be in a book next to you and you’ll see what I mean.