Miércoles 25. Colegio, Museo Británico, Harrods, Lyceum.

Aquel día llegamos 5′ más tarde al colegio. Estaba sola porque Dana salió más tarde con otro grupo que se había levantado aún más tarde. Pasé al aula y veo a todos con dos hojas y leyendo. Prueba de gramática y comprensión lectora, sí, caímos en medio de las dos semanas en las que toman examen. Empiezo por el texto ya que no se me da mal y es lo más largo entre leer y elegir qué título le corresponde a cada párrafo. Era muy fácil, se trataba del funcionamiento de los aeropuertos y tenía los temas divididos. La otra parte consistía en ejercicios como los que hago con M. Claudia así que no fue nada nuevo pero las preposiciones son siempre complicadas. Tuve miedo y no me podía permitir una mala nota, mi orgullo no lo podría tolerar, para ser sincera. Terminamos y nos puso escenas que marcaron el 2011 representadas con Legos (¿?). Estaba el casamiento de Kate y William y las hermanas hasta tenían los sombreros. Bizarro.
Ese día comimos fideos, obviamente con bolognesa y, para mí estaban incluso más ricos que los anteriores.
La excursión del día fue el Museo Británico. La fachada no es tan sorprendente como las que vimos con anterioridad. Adentro es más moderno. Lo más deslumbrante fue la sección de Grecia con esculturas y bloques de las paredes del Partenón (todavía no entiendo porqué esas piezas de arte tan importantes no están en un museo de su país de origen…) Eso es arte a su máxima expresión. Nada comparado al Museo Tate donde cuadros de diferentes colores pegados uno al lado del otro forman parte del término “arte moderno”. Eran espectaculares. Los escultores tenían que tener la imagen final perfectamente mentalizada, para saber dónde debían esculpir. Lo más impactante de las obras es ver cómo cambia el concepto del cuerpo ideal de una mujer.
Continuamos, Paula nos dio una lista con lo más importante porque nosotros tuvimos 2 horas para algo que se ve en 2 días. Saqué muchas fotos a la parte de cultura oriental para la tía Marta 2. Tenían una escultura gigante de un Buda increíble.
Para quienes les interesa todo lo relacionado con Egipto, este es el museo ideal. Con las mellis y Sofi pasamos pero no leímos las descripciones. Llegamos a ver todo y tuvimos un tiempo considerado para comprar. El negocio tenía de todo y fue el único lugar con cosas de las olimpíadas. Me compré un mapa y de acá salió tu regalo, Ma. Estoy segura que te va a gustar pero no te podés imaginar que es debido al lugar donde lo compré. Salimos y nos regalaron un chocolate a cada uno con un envoltorio re lindo (Franco Elizalde lo tiró y todos, sin excepción, lo miramos como si hubiese matado a alguien). No lo comí por suerte, me lo reservé y lo saqué en el momento preciso.
Próximo destino, Harrods. No tenía ni idea cómo era. Entré pretendiendo comprar algo en una local que vi en Oxford Street pero me di cuenta que era toda ropa de diseñador y ni siquiera tenían los precios en las etiquetas. Ninguno encajaba en el target. 24 personas, algunos con zapatillas y todos con mochilas. No nos dejaron entrar al principio; adjudicaban que había pocos adultos para tantos menores. Tuvimos que dividirnos y entrar por distintas puertas. Fui con Barbi y pasamos rápido todo, no valía la pena. Lo mejor fue el ascensor que es de estilo antiguo. Salimos y fuimos a Tommy Hilfiger que estaba cerca y Bar se compró un saco tejido color crema muy lindo. No teníamos más tiempo y volvimos. Las últimas fueron las profesoras. Los guías nos lo habían dicho y tenían razón, siempre son los adultos responsables los que tardar en llegar en el horario acordado. El tema no es ni Monique ni Paula sino Claudia, la prima de Monique que a pesar de todo nos hace reír siempre, es una genia. Nos pide que le saquemos fotos y cuando sabe que alguien busca algún souvenir en especial y lo ve en el camino lo compra y después cada uno le paga. El problema es que cuelga y le gusta comprar, ella fue quien las atrasó.
La corrida vino después. Fuimos al subte para la sorpresa y nos bajamos en una parada antes porque ninguna sabía si el lugar estaba más cerca de dicha estación o de la siguiente. Fuimos corriendo, literalmente. Yo descarté el teatro porque Monique nos dijo que la sorpresa incluía un barquito, lo único razonable era un paseo por el Támesis y me quería matar, realmente pensaba que era un teatro aunque no estaba completamente segura que íbamos a ver una obra. Pasamos por todas las boleterías y ahí renové un poco de esperanzas. No me gustaba que siguiéramos de largo cuando estaban los teatros donde daban Wicked, We Will Rock You y Billy Elliot, no se me ocurría qué podría llegar a ser porque en realidad no pensé que hubiese un musical que los chicos pudiesen disfrutar pero como ellos tuvieron el estadio Chelsea quizás esto era más dirigido a las mujeres. Llegamos al Lyceum y no voy a mentir, la idea de ver El Rey León al principio no me agradaba. Igualmente la experiencia de ver un musical en Londres era más que suficiente, el teatro era deslumbrante. Ahí me agarró ansiedad y comí el chocolate; también me compré el programa porque no me iba a ir sin tenerlo. Pasaron 2′ de la obra y ya me había dado cuenta de lo confundida que estaba. Ya me cruzaba en la cabeza correr la mochila y los regalos en el interludio para pararme al terminar la obra. Un despliegue extraordinario. Los disfraces eran muy ingeniosos y pasaron por al lado nuestro, que estábamos entre las filas 3 y 6 al costado izquierdo, todo un privilegio. Terminó la introducción y ya todos estábamos con lágrimas, incluso Kevin que estaba adelante mío y Paula. La escenografía era excelente. Los nenes que hacían de Nala y Simba que tendrían unos 8 ó 9 años cantaron unos agudos impresionantes. Todos alabaron al nene porque se puso a llorar cuando Mufasa se muere pero para mí exageraba mucho las expresiones durante las otras escenas y no me gustó.
Pasó el interludio, me doy vuelta y Flor tenía los ojos enormes y vidriosos. Todos comentamos lo impresionante que era, los chicos admitieron que se les piantó un lagrimón y a los pocos minutos ya empezó la 2da parte. Ahí fue donde quebré y por suerte no tenía a Flor al lado porque se hubiese reído, estaba Barbi. Me ahogué en lágrimas cuando Simba le canta a Mufasa. No sólo por la letra sino también porque al ver al actor uno piensa en todo lo que hizo para llegar ahí. Vi en el programa que había personas de Sudáfrica, Brasil, Jamaica y todas partes del mundo. Eso era lo más emocionante. Todo eso sumado a la experiencia en sí, me mató y empecé a llorar/moquear y mucho. Tuve que empezar a controlar la respiración para no hacer ruido. Pasó lo mismo cuando cantó la chica que hacía de Nala, pero a menor escala, por suerte.
En fin, fue espectacular. Terminó y cuando empezaron a salir los actores para saludar al público fuimos los únicos que se pararon… No nos importó nada pero realmente nos sorprendió. Aplaudimos y gritamos tanto que el actor que hace de Simba nos tiró un beso. De todas formas, nos vieron todos. Cada vez que alguno se acercaba durante la obra, Kevin saludaba, Bar y yo nos moríamos de risa.
En fin, terminamos todos maravillados y llenos de lágrimas. Fuimos a Burger King (¡no puedo ver más papas fritas!), lo que estaba más cerca y después directo al hotel.

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